Reinaba un silencio sepulcral, tan solo roto por la lluvia formando pequeños charcos en el suelo y mis pies andando sobre ellos. En el aire pululaba un aroma muy familiar, a tierra y hierva mojada. Una suave brisa acaricia mi nuca produciéndome un leve escalofrío. Aun par de metros se alza un pequeño terraplén, me paso la mano por la frente e intento despejar este velo rojo que niebla mi vista, pero resulta inútil, al cavo de unos segundos la sangre vuelve a nublar mis ojos. Hinco sobre el terraplén mi rodilla derecha e intento subir, los dedos de mis manos se hunden en la tierra mojada, consiguiendo tan solo unos surcos sobre ella. Las fuerzas empiezan a fallar, pero no puedo parar… no ahora, sabiendo que la carretera esta ahí, encima de mi cabeza a tan solo un par de metros, sabiendo que ella todavía esta viva, agonizando dentro de ese amasijo de hierros. Acelero la respiración a grandes bocanadas de aire e incorporo un poco mi cuerpo, intento subir pero las fuerzas me vuelven a fallar. Me deslizo entre la tierra mojada cayendo boca arriba, giro la cabeza y miro el coche destrozado, aun puedo llegar a distinguir sus ojos entre la suave niebla. Siento frío por primera vez, no puedo moverme, y ya casi apenas puedo respirar….
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